Siempre supe que volvería a verla. Después de todo, esta ciudad no es tan grande. Solo era cuestión de ubicarse en una esquina transitada y fijarse en los rostros que pasan. Y ahí está ella, en esa motoneta que ahora va hacia el norte por la Amazonas.
Creo que alcanzó a mirarme. Creo que, mientras pasaba, reía con mis acrobacias sin notar que era yo quien la esperaba detrás de esta peluca verde y esta nariz redonda.
Voy hacia el norte. Corro tras ella. La gente ríe cuando caigo, como si mi angustia también fuera parte del show.
