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lunes, 5 de julio de 2010

Qué suerte.

Qué suerte.

El día termina,

pero vos,

apenas comienzas.


Y qué suerte ser tacto,

ser lluvia,

ser noche,

que viene despacio.


Qué lejos queda todo

y qué suerte

aparecer en tu prisa

y mirarme en tu abrazo.


Ya mañana vendrán

hastíos infames,

el sol de la tarde,

un adiós sin rencores.


Mientras tanto

qué suerte ser presente,

ser aquí y ahora,

ser razón y pretexto.

Quito, dosmildiez

miércoles, 9 de junio de 2010

De esta noche guarda el viento.

de esta noche guarda el viento,

amárralo a tu muñeca

para que no se te olvide,

extiéndelo en mi espalda y que duerma

ese sueño tibio

que no nos falta,

despoblados de angustias y recelos,

entregados, invencibles,

invencidos.

recoge de tus manos las plegarias,

escóndenos detrás de su postigo,

y que la luz se quede arriba

mientras miramos su ausencia

y mientras tu ausencia y la mía

se hacen olvido.

abraza la espera de esta noche,

deshazte de ella mientras puedas,

toma nota de las grietas en mis ojos

y de la bruma

al otro lado de la puerta.

perfuma de palabras este espacio

y procura que lleguen a mi oído,

en ellas vendrán premisas y puentes,

galerías de mar y de ríos,

espejos, saltamontes y otoños,

lunas llenas, menguantes y ruidos.

acelera el palpitar de tu pecho,

aproxima tu suerte a mi camino,

que la lluvia que ahora nos cubre sea otra,

que se rompa,

que derive en vendavales,

que pinte de azul tu vereda

y que por hoy,

esconda el rastro de mi piel

en tu destino.

lunes, 24 de marzo de 2008

CANCION

El día comenzó casi perfecto. Aun me recorría el recuerdo reciente de aquel encuentro. Hace mucho que la ciudad no despertaba a otra semana sin recibirla con la tristeza de una lluvia tenue o de la niebla que se va de a poco. Hasta la rutina de esta oficina era nueva. Las calles recién pintadas y puestas a secar.

En el monitor apareció un nombre de un ser querido. La Tita me llamaba por mi nombre y me escribía dos o tres frases que mi cabeza no podía entender. Yo miraba las letras en la pantalla pero su secuencia lógica se desvanecía antes de que pudiera descifrar aquello que no quería saber. -Andrés murió- repetía en alguna parte la Tita, pero algo alojado en mis pupilas no me dejaba mirar. No sabía bien porque de pronto el día perdió esa mueca de alegría. Por la ventana no entraba más esa ciudad que antes parecía sonreír.

Marqué de memoria un número y al otro lado un amigo se guardó en el silencio. -Andrés murió- pensé en voz alta, y ya todo era parte de un engaño en el cual yo participaba sin saber. Cómo podía haber caído el más fuerte de los guerreros! Después de todo, la sucia muerte no golpea tan bajo- grité.

Charly pasó por mí. Luego la Kika. Uno a uno tus amigos nos fuimos encontrando y abrazando. Mi hermana escribió en su nick –Ya estás curado, ya estás en paz- pero ninguno de nosotros lo entendía aún. Seguramente desde arriba te reías de nuestra torpeza. Estuvimos juntos como hace mucho tiempo no sucedía y esa fue nuestra forma de estar a tu lado. Nos miramos a los ojos para encontrarte en las huellas que dejaste. Jugamos risk para bromear contigo y tomados de la mano quisimos decirte “hasta pronto amigo, espéranos arriba” Finalmente comprendimos que hoy tenemos al más valeroso de los ángeles cuidando nuestros pasos.

Han pasado los días y el recuerdo, lejos de esconderse, se va tatuando en la carne de quienes te vivimos. Los tatuajes dicen: “Se fue el ejemplo de vida más hermoso que he tenido en mi vida. Yo se que estás conmigo y estarás siempre…” “Gracias Andrés, por tu ejemplo de vida y por dejarnos ganar en el risk.” “Andrés estás conmigo, amigo, para siempre” “Andrés, querido amigo, estarás por siempre en mi corazón” “Un angelito más. Descansa en paz amigo” Y por todas esas frases que no se han dicho o que no están aquí, de parte de todos tus amigos, esto es para vos:

Canción.

Por ésta, mi callecita vieja,
un día pasó un gran caballero
y aquel día los niños lloraban:
habían muerto estrellas del cielo.
¡Niños buenos den paso al viajante,
al viajante que busca sus sueños!
Y los niños traviesos preguntan:
¿por qué viajas con tanto silencio?

-Porqué allá, donde duerme la luna,
solo existe el murmullo del tiempo.

-Pero dinos amigo errante,
¿de qué colores son nuestros sueños?

-Niños, vuestros sueños son azules
como azul es el gran firmamento.

Y los niños se fueron tranquilos
a buscar el azul en sus juegos.
¡Hombre bueno ven, ésta es tu casa,
aquí podrás recostar tus penas,
mañana seguirás tu camino
tras el viento que nunca regresa!
Era tarde, y la lluvia empezaba
a mostrar sus colmillos de fiera,
pero el hombre tranquilo me dijo:
¡Buen amigo, mi sueño me espera!

-¿Algún día te volveré a ver
en esta calle que es tuya y mía?

-En esta calleja que piso hoy
me volverás a ver algún día.

-Ve pronto pues tu sueño escapa.
Ve pronto a recorrer tu camino.

-Me voy con el corazón alegre
y aunque me vaya quedo contigo.

Y así el gran caminante marchó
vestidito de azul y silencio,
fue dejando a su paso en el pueblo
el vaivén de su canto perfecto.
Y los niños ya nunca lloraron,
comprendieron que el buen caballero
era la estrella que no había muerto:

una estrella bajada del cielo.

lunes, 24 de diciembre de 2007

He vuelto al vientre de la ciudad

He vuelto al vientre de la ciudad.
Hace mucho que no miraba
desde adentro sus entrañas,
ese esófago de hormigón,
estas venas de lava.

Hace tanto que no me escondía
en el largo laberinto
de sus miedos de hueso,
en la tibia o triste fábula
de sus frutos de sangre.

Selva de piedra
hábitat
natural
de aves
de paso
útero
repleto
de esperas
de sed
exceso
sin fin
sin tiempo
silencio
azufre
fértil
que abre
puertas
cierra
el pasado
sin
treguas
sin
vanidades
incauto
humo
que entra
en
el bolsillo
de
la noche
piedra
aroma
guitarra
sorda
huella
que
persiste
que
acuchilla
que
quema
hasta que llega la lluvia:
lluvia tersa que me viste y que me calza.

He vuelto al vientre de la ciudad.
Hace mucho que no sentía
este inventario de tejados
que se suceden sin sobresaltos,
que estallan sin rabias, ni rutinas.

Quito, dosmilsiete.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

13

Esto es parte del pasado, pero en el pasado es donde descubro las semillas de mi presente, y a partir de este presente nace la era del dragón: el porvenir.

Como quisiera odiarte.
Despertar un día y comprender de pronto
que en medio del sueño aciago
la tristeza devino en rabia,
y que la pobre desilusión
ya sin querer se transformó en soberbia.
De todos modos esa rabia aún es
combustible etéreo que mueve al mundo,
mientras que del mustio no se acuerda nadie
y hasta los tristes de convicción
de placer
o de hastío
huyen sin reparo ante una nueva tristeza.

Después de todo dicen
que es corto el camino del amor al odio
y en el pueril trayecto es fácil
o por lo menos probable
encontrar un atajo que lleve al olvido,
olvido que desemboca
como dócil río,
en un nuevo
en un vasto océano por descubrir:
océano sin noches,
nuestra noche,
océano sin dudas,
tus pobres dudas.

Como quisiera que en el recuerdo
tu boca tus ojos
la curva de tu pelo
desaparezcan sin remordimientos
ni fatalidades
y en su reemplazo solo quede
una hoja en blanco
o un lienzo
en el que se dejen pintar detalladamente,
sin vísceras fauces ni comodidades,
otra boca que no calle
otros ojos que me miren
otro pelo que me guarde.

Como me gustaría entender por fin
que aprendiste a mentir en el camino.
Que tu ir y venir
que tu risa y tu llanto
no son signos de un amor en pugna o en extravío,
sino obscenos estigmas
del temor a ese destino
que bien sabrás ya enfrentar
sin mi mano en tu mano,
sin la torpe sombra
de mi afán en tu lecho,
y sin este súbito sueño de odio
que solo sabe atizar tu recuerdo.

Quito, diciembre 2006